Sanidad

No es ansiedad, es un infarto: ¿por qué las mujeres tienen peor atención sanitaria que los hombres?

Experimentan un retraso diagnóstico mayor en al menos 700 enfermedades, incluyendo cáncer y diabetes, por la presunción errónea de igualdad en la expresión de enfermedades entre sexos, lo que lleva a error, denuncian las médicas

Un médico pasa consulta con una paciente.

Un médico pasa consulta con una paciente.

Madrid

"Hay cultura patriarcal en las instituciones sanitarias. No hay un enfoque en investigar en temas que afectan a las mujeres. Y una invisibilización de enfermedades (de ellas) con alta prevalencia. Falta formación en salud y género en los profesionales". Son palabras de la doctora y exministra Ana Pastor, presidenta de A.M.A., en la jornada 'Mujer y Profesión Médica', organizada por la Organización Médica Colegial (OMC). Una llamada de atención, con motivo del 8M, a poner el foco en la inequidad en el acceso a los servicios sanitarios de las mujeres. En la práctica clínica, se ha vuelto a denunciar, existe desigualdad entre hombres y mujeres condicionando que la asistencia sea distinta, el diagnóstico se retrase o el tratamiento sea diferente.

Fue uno de los temas abordados en un extenso encuentro en el que reputadas médicas hablaron, entre otros aspectos, de cómo la toma de decisiones en la atención clínica puede estar sesgada en función de la prevalencia de las enfermedades por sexo y de las diferencias fisiopatológicas entre mujeres y hombres. Así, las de mayor prevalencia en un sexo reducen en el médico la sospecha diagnóstica en el otro que menos la padece.

Una ocasión para presentar, además, una Monografía titulada 'Deontología Médica desde la perspectiva de género', un texto que incide en la necesidad de la perspectiva de género en Medicina para cumplir "con el mandato deontológico de una asistencia de calidad para todos y en condiciones de igualdad".

Investigación a ciegas

En el documento se recogen numerosos ejemplos de esa inequidad. También en la investigación. Se pide que los ensayos clínicos y estudios preclínicos incluyan equitativamente a ambos sexos; que se desarrollen políticas de revisión de investigación ciegas y equitativas o se asegure que los sistemas de salud ofrezcan diagnósticos y tratamientos basados en evidencias que contemplen la diversidad de género.

El sesgo de género no se limita a la investigación, señalan las autoras del documento. La toma de decisiones en la atención clínica puede estar sesgada en función de la prevalencia de las enfermedades por sexo y de las diferencias fisiopatológicas entre mujeres y hombres. Así, las enfermedades de mayor prevalencia en un sexo reducen en el médico la sospecha diagnóstica en el sexo que menos la padece.

El texto pone ejemplos recogidos por la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria. Las mujeres experimentan un retraso diagnóstico mayor que los hombres en al menos 700 enfermedades, incluyendo cáncer y diabetes. Se debe "a la presunción errónea de igualdad en la expresión de enfermedades entre sexos, lo que lleva a error", se apunta. Si se habla de dolor, entender cómo los determinantes sociales, el sexo y el género afectan a la experiencia "es crucial" para crear tratamientos eficaces individualizados al paciente, evitando así prejuicios.

Entre otros casos concretos de inequidad en la atención, se apunta a las enfermedades respiratorias. En nuestro país, el aumento del consumo desde la década de los 70 ha dado lugar a un aumento de las enfermedades respiratorias asociadas al tabaquismo en la mujer. Sin embargo, la EPOC sigue considerándose una enfermedad predominantemente masculina, lo que lleva a un infradiagnóstico en mujeres, a pesar de que varios estudios muestran que ellas son más susceptibles a los efectos nocivos del tabaco debido a factores anatómicos, genéticos y hormonales.

Antidepresivos

En salud mental, las médicas saben que, con síntomas semejantes, "la probabilidad de atribuir la patología en las mujeres a dificultades del orden de lo psicológico y psiquiátrico es mayor". La posibilidad de prescribir tratamiento con antidepresivos y ansiolíticos, en consonancia, también lo es, incluso después de haberse diagnosticado una patología orgánica explicativa de la clínica, se añade.

El consumo de hipnosedantes, medicamentos utilizados para tratar el insomnio y la ansiedad, se ha convertido en una preocupación creciente para la salud pública en España. Un estudio de la Universidad de Santiago de Compostela, publicado en Gaceta Sanitaria, la revista científica de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), ha analizado ese consumo por sexo, edad y comunidad autónoma. Entre 2005 y 2022, el uso de estos medicamentos en la población de 15 a 64 años casi se triplicó, pasando del 3,7% al 9,7%.

Porque, enlazando con lo anterior, en el ámbito sanitario, en el documento se especifica que existe un sesgo inconsciente que considera la enfermedad cardiovascular (ECV) como un 'problema masculino', lo que lleva a una disminución del cribado y un manejo inadecuado de este tipo de dolencias en mujeres. El infarto de miocardio en mujeres puede ser infradiagnosticado debido a su presentación atípica, un término que, de por sí, ya es un sesgo al considerar 'típica' la presentación en hombres, como se viene advirtiendo desde hace mucho tiempo.

Las ponentes en la jornada de la OMC.

Las ponentes en la jornada de la OMC. / OMC

En esa línea, la Sociedad Española de Cardiología (SEC) ha presentado el primer consenso nacional sobre el manejo de las enfermedades cardiovasculares en la mujer. Son la primera causa de muerte en mujeres en España, con más de 60.000 fallecimientos anuales, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística correspondientes a 2023. Pero no siempre la respuesta del sistema sanitario está a la altura, según denuncia también la Estrategia de Salud Cardiovascular con el ánimo de corregir la situación. Cuando una mujer le consulta por dolor en el pecho, en ocasiones el médico diagnostica ansiedad o estrés y no lo asocia a una cardiopatía.

Esclerosis múltiple

Hay más y en otras enfermedades. Ya se ha dicho que son hasta 700 las dolencias en las que las mujeres experimentan un retraso diagnóstico mayor que los hombres. Una de cada cuatro mujeres con Esclerosis Múltiple afirma que sus síntomas se han subestimado debido a su género. La mayoría (68,91%) nunca ha sentido que los profesionales sanitarios restasen importancia a los síntomas manifestados en la consulta por el hecho de ser mujer.

Así lo manifiesta, Esclerosis Múltiple España (EME) que saca a relucir un estudio, elaborado por la entidad, que subraya que mujeres con la enfermedad enfrentan dificultades a la hora de reconocer y buscar atención para los primeros síntomas. Detrás de ello suele haber razones de priorizar el trabajo, responsabilidades familiares o temer recibir un diagnóstico grave. "Este retraso en la búsqueda de atención temprana puede tener consecuencias en la evolución de la enfermedad", indica la entidad.

Ajustar las dosis

El Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos pone el foco en otro aspecto: cómo los medicamentos actúan de forma distinta en las mujeres que en los hombres. Subraya la importancia de ajustar las dosis a las condiciones propias de la mujer para, así, garantizar la efectividad y seguridad de los tratamientos en este grupo de población. La biología, indican, afecta a la farmacocinética y farmacodinámica de los medicamentos que dependen del sexo, lo que puede afectar a la biodisponibilidad, la efectividad y el resultado terapéutico.

Existe una perspectiva, basada en la evidencia, de las diferencias en la absorción, distribución, el metabolismo y la eliminación de medicamentos que se relacionan con el sexo

Esta es una perspectiva, basada en la evidencia, de las diferencias en la absorción, distribución, el metabolismo y la eliminación de medicamentos que se relacionan con el sexo, como pueden ser la diferencia de peso o la distribución de la grasa corporal. La administración difícilmente se realiza según mg/kg, lo que hace que, a menudo, las mujeres reciban dosis más altas, provocando mayores concentraciones, de acuerdo con el volumen de distribución y el aclaramiento plasmático, y una mayor exposición a los medicamentos, apuntan desde el Consejo.

Una señora mayor en una farmacia.

Una señora mayor en una farmacia. / EP

Existen algunos fármacos con los que hay que tener especial precaución y ajustar las dosis teniendo en cuenta las condiciones específicas de la mujer, subrayan. Entre ellos, se encuentran las estatinas porque las mujeres mayores, sobre todo las que presentan bajo peso corporal, tienen mayor riesgo de sufrir efectos adversos, y la digoxina, ya que no solo se elimina en menor intensidad, sino que también presenta un menor aclaramiento renal, un volumen de distribución reducido y la semivida plasmática es más larga en mujeres, abundan los farmacéuticos. Esto hace necesario reducir la dosis o incrementar los intervalos de administración para evitar la potenciación del riesgo de reacciones adversas.

Los opiáceos y las benzodiacepinas son otros fármacos cuya pauta hay que adaptar a las mujeres, ya que tienen más riesgo de dependencia y adicción, y los antipsicóticos, que ellas los metabolizan de forma más lenta y su efectividad puede ser diferente a la esperada, concluyen.

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